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domingo, 24 de agosto de 2014
SURGEN EN FACEBOOK DOS GRUPOS DE LECTORES DE DOS DE NUESTROS COLUMNISTAS
Lectores de Pepe Cabrera y lectores de Rafael Guardiola.
Con sendos nombres han surgido en la red dos grupos de personas que siguen los artículos de dos de nuestros columnistas y que juntos superan ya el medio centenar de integrantes.
Si quieres puedes sumarte desde aquí o desde aquí
viernes, 11 de julio de 2014
COLUMNA DE OPINION.MUSA DESAPARECIDA
La primera intención al ponerme
delante del ordenador con el propósito de escribir este artículo era hacerlo
sobre un término compuesto por dos palabras que si bien podrían complementarse,
en estos últimos tiempos se repelen de forma considerable. Me refiero a la
“honestidad política”. Según mi manera de entender es
una cualidad o valor que debe tener cualquier político y
consiste en comportarse con decencia, expresarse con coherencia y sinceridad, y
actuar con justicia y honradez.
Eso era como
digo de lo que iba a tratar estos renglones, aunque parece ser que el espacio
entre la realidad tangible y el sueño impalpable, al que se refería el
prestigio psiquiatra británico Donald W. Winnicott como “espacio transicional”,
que es donde se sitúa la creación literaria y que podría asemejarse al cuarto
de juegos de un niño, en el que al igual que este construye su juguete de
piezas, la creación literaria en este espacio, se va armando y ensamblando por
así decirlo como un tren de palabras bien ordenadas y con sentido. Sin embargo
ese tren hoy tiene problemas de salida.
¿Y cuál será
el motivo? Creo que no es por falta de conocimiento de este humilde servidor
hacia todo lo referente a la política y a los que la practican. Simple y
llanamente ese tren no ha partido por hartazgo, si señores, hartura, atracón,
empacho y todos los sinónimos que de esta palabra exista en nuestra lengua.
Hartazgo que
raya el desaliento. Hartazgo de que personas que han sido elegidos como
nuestros representantes, hagan de su capa un sayo creyendo que esas
instituciones están a su servicio y no al contrario; hartazgo de que los
programas políticos sean papel mojado en cuanto consiguen el poder; hartazgo de
que siempre los palos vayan al mismo burro, al ciudadano de a pie; hartazgo de
que sean más conocidos jueces y magistrados (lo saludable es que pasaran
desapercibidos) que científicos, escritores y gente afín a la cultura.
No soy yo de
los que dice que todos los políticos son corruptos, la generalización no es
buena compañera de viaje, pues la mayoría son honrados y éticamente impecables.
Pero en estos últimos años han sido demasiados los casos sacados a la luz
pública (y los que no han salido) y se nos hace un tanto difícil separar al
político y la corrupción en cualquiera de sus vertientes: Prevaricación,
tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, financiación ilegal de
partidos y sindicatos, apropiación indebida etc. Un buen elenco de delitos
directamente relacionados con los representantes del pueblo.
Definitivamente,
la musa encargada de la inspiración literaria en mi cuarto de juegos creativo
en lo referente al artículo que pretendía escribir se ha debido tomar el día
libre. O quién sabe, tal como están últimamente las cosas no sería de extrañar
que hubiera presentado su renuncia o tal vez la hayan procesado por robo de
propiedad intelectual y evasión de impuestos.
sábado, 14 de junio de 2014
COLUMNA DE OPINION.TECNOFILIA Y ADICCION TECNOLOFICA
Es incuestionable el beneficio
que ha traído Internet en cuanto a la enorme facilidad que aporta para la
comunicación y el traslado en tiempo real de la información. En estos tiempos
pueden leerse periódicos de New York o Buenos Aires al segundo en el ordenador
de tu casa o en tu móvil. Te puedes poner en contacto en tiempo real con un
amigo que se encuentre qué digo yo, en una playa de Cancún tomándose un mojito
o comiendo sushi en Okinawa.
Internet y en concreto las redes
sociales pueden ser y de hecho lo son un buen mecanismo de comunicación pero
ahora resulta que podemos tener amigos “virtuales” en Estocolmo o en Santiago
de Chile y sin embargo no hablarnos con el vecino del quinto cuando nos topamos
con él en el ascensor. Y este problema se acentúa en las nuevas generaciones,
pues salvándose quien pueda, conoceremos a buen seguro algún joven cercano que
no logra despegarse del asiento frente al monitor de su ordenador, o sus dedos
de móviles y tablets, perdiendo no solo tiempo de interacción real con humanos
tangibles, especialmente sus amigos y familiares, sino también atrasando sus
tareas, y estudios por preferir seguir obsesivamente la menor bobada que
aparezca en una de tantas redes sociales (WhatsApp, Tuenti, Twitter, Facebook,
Google +, etc.). Esta tecnofilia o afición, simpatía a la tecnología, internet
y redes sociales, puede llegar en muchos casos a la compulsión y obsesión, es
entonces cuando se puede hablar de adicción tecnológica.
No es fácil en esta época
sustraerse al hechizo tecnológico, y mucho menos impedir que la gente a nuestro
alrededor y en especial nuestros jóvenes prescindan de estos artilugios. Eso
sería nadar contra corriente, y no serviría de nada. Su poder es muy superior a
nuestra capacidad de dominar su influjo. Digo más, en su justa medida no hay
duda de sus importantes beneficios. Pero una cosa es la capacidad tecnológica
de comunicación que tiene Internet y las redes sociales y otra muy distinta la
comunicación real.
Hay tiempo para todo, y el más
importante es el que dedicamos a compartir con los seres queridos. Padres,
hijos, abuelos, nietos pueden encontrar un espacio para hablar, contarse cosas,
y tener el contacto físico indispensable para que fluya la vida real y no la
virtual.
No soy yo de los que cree que en
unos años nos convertiremos en máquinas manejadas por máquinas, a semejanza de
las historias de películas y libros de ciencia ficción de la talla de 2001, una odisea en el espacio; Yo, robot; o La rebelión de las máquinas. Aunque lo cierto es que en muchos de
nuestros comportamientos llegamos a rozar estas exageradas citas
cinematográficas. Pareciera como si nos manejaran en cierto modo.
Entendidos en el tema proponen una
“sencilla” práctica para probar nuestro grado de dependencia, elijamos
cualquiera de estas: apagar el móvil un día entero; no encender el ordenador
una noche; no jugar a la PSP o la Nintendo en un fin de semana.
Podría ser, que dicho ejercicio
nos indicara a qué grado de adicción nos estaríamos enfrentando.
A mi modo de entender esta
cuestión, como supongo a la mayoría de ustedes, en este y en otros asuntos
similares que la vida nos presenta, la experiencia nos dicta que en materia de
placeres y divertimentos en la moderación reside la virtud.
José Cabrera Villalba
miércoles, 23 de abril de 2014
COLUMNA DE OPINION.UN BUEN PARAISO
Los museos, las papelerías, la contemplación del horizonte en un amanecer
en la playa, la mirada sonriente de mi mujer, la risa espontánea de
mis hijos, el sol, las ventanas abiertas al aire de levante en un día de
verano, un buen paseo en bicicleta. Son cosas que me producen calma y sosiego.
Pero de todas las cosas son los libros los que me producen mayor placer;
tocarlos cuando los estoy leyendo, me tranquiliza. Los libros que leo, los
libros en las estanterías que brindan su olor característico y su geometría
perfecta, ofreciéndose como motivos de conocimiento, de conversación o de
placer. Los libros en las bibliotecas, esos libros ya leídos que han conversado
con tanta gente que se han intercambiado vivencias entre libro y lector; los
libros ¡Qué maravilla!
He de confesar sentir cierta complicidad encubierta hacia las personas que
aun no conociéndolas de una manera intensa, confiesan su hábito lector, esto me
predispone a creer que son por lo general personas curiosas con ganas de
conocer y de aprender, normalmente esto es así. Y tiendo a pensar que las personas
que no tienen el hábito lector, pudiera ser debido a que no se han encontrado
el libro adecuado que le despierte ese duende dormido, como a mí me ocurrió con
Demian de Hermann Hesse.
Dejando aparte mi debilidad hacia la forma física, lo verdaderamente
importante es su contenido y no el soporte físico en el que se pueden adquirir.
Llegará un momento en que convivan varias formas de libros, y aunque, a mí
manera de entender, las sensaciones físicas de un libro impreso no lo aporta el
libro digital, en diversas circunstancias, el tenerlos digitalmente almacenados
contribuye al ahorro de espacio y facilita su accesibilidad. Mi creencia es que
están condenados a entenderse. Lo que espero que no cambie nunca es la
impresión que deja el libro en la persona que lo lee: el estar hablando
reposadamente con un interlocutor que o sabe más o lo está diciendo de modo que
alimenta tu propio intelecto, tu capacidad para conversar o tu ansia de
conocimiento. En mi caso, un libro siempre; o varios: cuando viajo, en la casa,
en el baño, en la mesita de noche. Mi premisa: leer para alimentar mi
curiosidad vital. Algunos sabios dicen que leer es beneficioso para la salud
mental y física. En todos los casos; siempre sirve para contrastar, para mirar
desde otra perspectiva sobre lo que nos parece saber o creemos que sabemos con
seguridad.
Y aunque parezca un tópico, en ellos se encuentra siempre un pequeño
tesoro, y por nimio que parezca nos revelará algo diferente y distinto en cada
caso.
Desde esta humilde atalaya y dejando aparte sus efluvios beneficiosos, la
lectura es la única adicción que me atrevería a aconsejar y sugerir. Nunca es
tarde para engancharse e incitar a otros a ello. Me confieso gran incitador de
este propósito.
Para terminar deseo hacer mia la frase de Jorge Luis Borges cuando dijo:
“Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de Biblioteca”.
En verdad, para los que nos sentimos estigmados por la lectura podría ser
un buen lugar para pasar la eternidad.
José Cabrera Villalba
viernes, 18 de abril de 2014
COLUMNA DE OPINION.QUE SEA UNA PESADILLA
Supongo, al igual que les sucede a muchos de ustedes, las
mañanas empiezan para mí con un apetecible desayuno con olor a tostadas y a
café en el ambiente, y una buena dosis de noticias en radio, prensa o
televisión de forma indistinta. Este hábito último mío, podría incluirse dentro
de los vicios, que de vivir el Marqués de Sade en nuestros tiempos pasaría a
formar parte de sus ya famosas perversiones. Empaparse de noticias. He de
reconocer que es un tanto anómalo. Palabra no elegida al azar, pues por poco que
nos paremos a ver, escuchar o leer las noticias que corren cada mañana por el
mundo; estas, no son como para empezar el día con una buena predisposición.
¿Qué me dicen del conflicto separatista de Crimea?; guerras
en Siria, Irak, Afganistán, República Centro Africana, Somalia; atentados
Yihadistas; rebeliones sociales en
Ucrania, Venezuela; guerra al narcotráfico en Colombia y México; el avión
malayo desaparecido, etc… podría seguir enumerando noticias diarias del mundo y
en nuestro país: los asaltos de inmigrantes subsaharianos en las fronteras de
Ceuta y Melilla; las imputaciones de políticos y La Corona por presuntos
delitos de corrupción; la pesada consulta independentista catalana; la
violencia machista; la incipiente recuperación económica española…
…viendo y escuchando todo esto, a veces, me gustaría que me
sucediera como al protagonista de la película de Fritz Lang “la mujer del
cuadro”, en la que Edward G. Robinson, da vida a un profesor de psicología
experto en criminología, que, al detenerse delante de una vitrina de una
tienda, admira el retrato de una mujer bellísima. Después de haber bebido
alguna copita de más, se encuentra en la calle con la mujer del cuadro, que le
invita a su casa. A partir de aquí, el pobre profesor se ve envuelto en una
pesadilla donde el sueño se confunde con la realidad. Y perdonen que le
destripe el final: el tímido profesor despierta y por fortuna todo ha sido una
pesadilla.
¡Qué todo sea un mal sueño!, eso es lo que deseo en la
mayoría de las ocasiones cuando intento estar informado… o proceder como lo
hace mi hijo pequeño al levantarse antes de ir al instituto: retreparse
tranquilo en el sofá del salón, y tomarse plácidamente el desayuno viendo su
serie preferida de dibujos animados en Neox Kids. Bien pudiera ser esta última
la decisión más inteligente. A buen seguro me reportaría alguna que otra
sonrisa matinal ideal para empezar el día de forma saludable.
José Cabrera
viernes, 4 de abril de 2014
COLUMNA DE OPINION.UNA SONRISA PERDIDA
Se nos ha ido tu sonrisa. Se nos ha ido el ejemplo de tus
ganas de vivir y de un hombre cariñoso, afable y valiente ante la adversidad, y
aunque suene a tópico, buen hijo, padre y mejor marido. Hasta hace bien poco
confiaste en tu curación, estuviste luchando hasta el final como solo los
valientes saben hacerlo pero esta terrible enfermedad inapelable y traicionera
te ha ganado la partida, te ha arrancado del lado de tus seres queridos.
Has sido querido no solo por tus familiares y amigos sino
también por tus conocidos; querido y respetado. Y ese respeto no ha sido solo
por tu forma de ser abierta y desenfada y esa alegría que nos contagiaba a
todos, sino también por tu espíritu de lucha, por ese optimismo que hasta el
final te ha acompañado. Tenemos que aprender mucho de ti, sobre todo a reírnos
de nosotros mismos como tú sabías hacerlo de ti. Te agradecemos esas enseñanzas
y te agradecemos también esa mirada limpia y clara de cuando mirabas siempre a
los ojos. Esa simpatía natural que te caracterizaba. Cuando llegabas a una
reunión se notaba tu presencia, la tuya y la de Reme tu mujer, que tiene el
cielo ganado luchando a tu lado hasta el final. A todos a los que nos has
honrado conociéndote, nos invade la tristeza pues ya no podremos disfrutar más
de tu compañía y de tu sonrisa.
Siento no haberme podido despedir de ti en tus últimos días
aquí en la tierra, pero no he tenido el valor suficiente, ese valor que a ti te
ha sobrado. Y ahora lo hago como mejor sé hacerlo, en forma de palabras
escritas.
Querido Castro “Juan Antonio Jiménez Castro” a buen seguro
estás allá arriba en el cielo y no me extrañaría que más pronto que tarde se
escuchen risas por ahí pérdidas; provocadas por algún baile, chiste o como
consecuencia de alguna broma de las tuyas. Los contagiarás como nos ocurría a
nosotros.
Estoy seguro de que desde ahí donde te encuentras ahora,
ayudarás a tu Reme querida y tus hijos Rubén y David para que tengan el valor y
las fuerzas necesarias para soportar tu ausencia. Nosotros desde aquí
intentaremos ayudarte en este difícil cometido.
El cielo se engrandece con tu llegada. Se han abierto las puertas de par en par en
tu honor.
Descanse en paz amigo Castro.
José Cabrera Villalba
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