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lunes, 28 de septiembre de 2009

CHURRIANA EN LA PRENSA:"BRENAN ERA UN PERSONAJE MUY ATRACTIVO, TAMBIEN UN GRAN ESCRITOR"



Carlos Pranger ofreció el pasado jueves una visión “poco común” del afamado hispanista

La sombra de Gerald Brenan se extiende sobre España y en especial sobre Andalucía como una manta cálida, aunque gran parte de su obra sigue en la penumbra.


La labor de Carlos Pranger es precisamente la de iluminar estas zonas ocultas, en la cual ha dado un importante paso gracias a la publicación en la editorial Alfama, con sede en Coín, de ‘El señor del castillo y su prisionero’, una obra que considera “esencial en la carrera” del afamado hispanista.
Este joven escritor, traductor y poeta desveló durante la conferencia que ofreció el pasado jueves en Marbella a un Brenan “poco común”, especialmente en los aforismos que componen la parte final del libro, que en algunos casos son “demoledores con su persona” pero que reflejan “un conocimiento de uno mismo”.

Su madre fue la secretaria de Brenan en la etapa postrera de su vida y ustedes vivieron con él durante mucho tiempo. ¿Cómo fue su relación con él?
Nosotros somos su familia postiza, porque no tenemos vínculos de sangre, pero vivió con nosotros durante los últimos 25 años de su vida. Por ello, la figura de Brenan para mí es como la del abuelo que teníamos en casa. Indudablemente es una referencia esencial en mi vida y en mi trabajo.

¿Qué es lo que más le fascina de la figura de Brenan?

Muchísimas cosas, porque era un hombre con muchas facetas, pero sobre todo me gusta el Brenan observador, capaz de guardar la distancia, a ojo avizor, y eso se demuestra en sus libros sobre España. Escribe desde la distancia, pero no de forma hostil o buscada, sino entre bambalinas.

¿Cómo nace la atracción de Brenan por España?

Brenan leía libros sobre España cuando era un adolescente, básicamente la poesía mística de San Juan de la Cruz, además de ser un gran aficionado a la literatura de viajes. En cierta manera se creó una imagen de este país antes de haberlo pisado, que se acrecienta aún más cuando llega por primera vez a España y en concreto a la provincia de Málaga, visita de la cual se conmemora ahora el 90 aniversario.

¿Cuál fue su relación con Marbella?

En una de sus cartas, tras el levantamiento en Málaga, hace una mención especial sobre Marbella a su amiga Helen Anrep, a la que le manifiesta su honda preocupación por las víctimas de la represión en el pueblo de Marbella. Como corresponsal del Manchester Garden hacía crónicas de lo que estaba pasando. Salía en bicicleta desde Churriana y se recorría toda la Costa, pasando también asiduamente por Marbella, cuando todavía era un pueblecito de pescadores.

¿Cómo fue su vida durante la dictadura de Franco?

A finales de los 70 y principio de los 80 se convirtió en un icono político principalmente por su libro ‘El laberinto español’, que trataba sobre la guerra civil en un momento en que en España no existían ese tipo de referentes intelectuales ni literarios. Por ello desde la izquierda se le consideró un icono y el PSOE le dio incluso el premio Pablo Iglesias.

La guerra civil marcó su vida. Brenan descubrió que España era su tema cuando se tuvo que ir de Churriana debido a la guerra. Cuando ésta terminó, él no quería seguir en Inglaterra y decidió volver, pero ‘El laberinto español’ ya se había publicado y su figura era un tanto sospechosa. Sin embargo, negoció con el embajador español en Londres y a condición de que se mantuviera callado y al margen de la política le permitieron regresar.

No fue por tanto un luchador por la democracia, porque eso decía que no le correspondía a él al no ser español. Es un aspecto en el que no coinciden muchas personas de izquierda, que dicen que tendría que haberse mojado más, pero el básicamente quería vivir en paz. Además, como le pasa a mucha gente, cuando se fue haciendo mayor el idealismo de la juventud se convierte en descreimiento.

¿Cree que Brenan es un escritor justamente valorado en España?

Es un escritor bastante complejo, porque no tiene una vida editorial normal. Si exceptuamos ‘Al sur de Granada’, el resto de sus libros son difíciles de encontrar. Se ha reeditado ‘El laberinto español’ hace poco, pero la mayoría de sus libros están descatalogados o tienes que comprarlos en tiendas de segunda mano.

Sin embargo, en el ámbito mediático es un personaje que llama muchísimo la atención y todos los años aparecen multitud de artículos y menciones sobre él. Hay un desequilibrio entre su vida editorial y el personaje y estamos intentando que esas facetas se equilibren, que la gente no olvide que Brenan era una persona muy atractiva por su forma de vida, pero que también era escritor y muy bueno además.

¿Qué consideración se tiene de él en Inglaterra?

La fama es mucho menor. En Inglaterra Brenan es un escritor que lees si estás interesado en España. No tiene ni el prestigio ni la repercusión que tiene aquí. Se publica además mucho menos, aunque ‘Al sur de Granada’ se edita todos los años porque está considerado un clásico.

¿Quedan muchos textos inéditos de Brenan por salir a la luz?

Todavía hay cosas por conocer. El año que viene, por ejemplo, vamos a sacar en la editorial Alfama una colección de relatos cortos, que es el Brenan más desconocido, el escritor de ficción, porque su obra centrada en España es principalmente literatura de viajes y ensayo.

Más adelante habrá una recopilación de aforismos y pensamientos, y creo que también habrá un volumen de cartas, porque Brenan podía escribir unas 80 al día. Creo que hay una estimación de cuatro millones y medios de palabras sólo en cartas, que no sé a cuántas novelas equivalen.

Fuente:La Tribuna de Marbella

lunes, 22 de junio de 2009

APARECE "EL SEÑOR DEL CASTILLO" DE GERALD BRENAN



A Gerald Brenan, autor de obras tan capitales para entender la España contemporánea como son Al sur de Granada, La faz de España o El laberinto español, suele considerársele uno de los hispanistas más importantes y originales del siglo XX.

Pero Brenan no es sólo el etnógrafo, el viajero o el historiador, sino que también es un escritor original y de enjundia. Estas dos obras son quizá de los testimonios más íntimos que acerca de sí mismo escribió el autor a lo largo de su vida. Aunque escritos en periodos vitales distantes y pertenecientes a géneros literarios tan completamente distintos como son la alegoría dramática de fuerte coloración lírica y la condensación acrisolada del aforismo, estos dos textos ―que ven la luz por vez primera en este volumen, en edición bilingüe― constituyen dos puntos de inflexión conexos y fundamentales en su trayectoria literaria y vital.

jueves, 18 de junio de 2009

FIRMA INVITADA:BRENAN, MEMORIA PERSONAL DE ESPAÑA

Con la aparición de El señor del castillo -la primera de una serie de obras inéditas que publicará la editorial Alfama-, el hispanista Gerald Brenan vuelve a estar de actualidad. Pasados ya 22 años desde su muerte, cabe preguntarse por la vigencia de su obra y sobre la relación que mantuvo con España, lugar donde se forjó como escritor.

A Gerald Brenan puede considerársele como uno de los grandes exponentes de un género literario popularizado por los escritores románticos: especular sobre un país ajeno. Al escritor foráneo se le otorga un punto de vista más válido y objetivo, puesto que se asume que no está involucrado emocionalmente con el país sobre el que escribe. España ha sido uno de los epicentros inspiradores de esta corriente literaria. Los dos grandes ejemplos procedentes del Reino Unido son Richard Ford y George Borrow, y de Estados Unidos, Ernest Hemingway. Todos son interesantes, pero fueron meros observadores, presenciaron los acontecimientos desde la barrera.

Por el contrario, Brenan no se limitó a la mera observación, su acercamiento fue más arriesgado e intuitivo, y a juzgar por el respeto que se ganó entre los españoles, no del todo equivocado.

Sin embargo, esa relación tan especial con España comenzó años antes de pisar suelo español. "Cualquiera que se plantee como modo de vida el ideal de 'todo o nada', está siguiendo, sea o no consciente de ello, un camino que discurre paralelo al trazado por los santos". Estas palabras escritas por Gerald Brenan con apenas 18 años están recogidas en el primer volumen de su autobiografía, Una vida propia. Embebido por sus lecturas obsesivas de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Brenan se había creado la imagen de un país, España, dentro de sí mismo, mucho antes de visitarlo.

Llegó a España después de la Primera Guerra Mundial, a finales de 1919. Era un lugar barato y con buen clima, el lugar idóneo para mejorar su formación intelectual, para empaparse de conocimiento por medio de la lectura. Su intención era continuar viaje hacia el Oriente.

Se instaló en Yegen, un pueblo de la Alpujarra granadina que describe en Al sur de Granada. En una entrevista recogida en la revista Litoral (1985), Brenan le describe a Eduardo Castro lo que significó esta experiencia: "Vine a Andalucía como se va a una universidad, pero sin clases ni profesores ni más compañeros que mis propios libros. Por supuesto, no podía imaginarme que terminaría quedándome aquí para casi toda mi vida".

Encontrar a un escritor, como Brenan, que escriba con tanta profundidad sobre un país ajeno, y que aglutine temas tan diversos como su historia, su literatura y sus gentes, no es frecuente. Llegaría como autor, pero también como persona, a identificarse con un país extraño y diferente por completo al suyo.

Su infancia y los años de escuela, unidos a las difíciles relaciones con su padre, hicieron a Brenan retirarse en sí mismo. Ansiaba escribir, pero le daba miedo exponerse, mostrarse. Fue en España donde Brenan dio rienda suelta a su talento literario. Sintiéndose seguro en la distancia, comenzó a escribir de verdad, sin cortapisas.

Este proceso latente se inició en Yegen y eclosionó con el estallido de la Guerra Civil española; su reacción ante el horror fue un trabajo de cinco años, El laberinto español, aclamado por igual por crítica y público. Había nacido el gran escritor. No es casualidad que sus mejores escritos tengan por tema a España y los españoles.

Leer a Brenan es un recorrido preciso por la historia reciente de nuestro país. Observó de primera mano el tránsito de España pobre y rural de los años veinte, pasando por los años oscuros de la dictadura de Franco, hasta la aparición de los aires de esperanza que trajo la democracia. Hombre de vida azarosa, y mejor escritor, es autor de obras capitales en el conocimiento de la literatura, la historia o la etnografía de España como son Historia de la literatura del pueblo español, La copla popular española, La faz de España, El laberinto español o Al sur de Granada; junto con biografías como San Juan de la Cruz, o sendos volúmenes autobiográficos como Una vida propia y Memoria personal.

La relación personal de Brenan con España es comparable con la del biógrafo con el biografiado. El biógrafo termina dejando su impronta sobre la persona de la que escribe. España y su complejidad es el reflejo de la propia complejidad de Brenan. "Dentro de cada español descansa un derviche confuso, un genio de inmenso poder aprisionado en una botella, lo que García Lorca llama un duende, al que le encantaría liberar si fuera posible", escribe Brenan en su introducción a La copla popular española.

Las intuiciones y observaciones de Brenan sobre España y los españoles, como pueden ser el orgullo, la impaciencia, el optimismo exagerado, la cólera ante la frustración etcétera, no tienen todas que ser correctas, son de un origen muy profundo, y muy próximo al propio Brenan persona.

Es verdad que ciertas opiniones y algunas de las descripciones que aparecen en sus libros pueden circunscribirse a una tradición romántica. Además, el propio Brenan siempre se consideró un romántico y fue lector acérrimo de los libros de Borrow y Ford, llenos de campesinos, bandoleros, paisajes pintorescos, gitanos, flamenco etcétera. Pero no siempre una cierta visión romántica tiene que ser desacertada. Es más, hace que el escritor se involucre emocionalmente y haga el tema suyo.

Por otra parte, Brenan nunca se cortó a la hora de criticar a los españoles. "España es pródiga en hombres que creen ellos solos ser capaces de alumbrar el manantial puro de las tradiciones nacionales y proyectarlo hacia el futuro. Todos los que no estén de acuerdo con ellos son necesariamente perversos y, en consecuencia, han de ser aplastados", escribe Brenan en El laberinto español.

Instintivamente descubrió que una parte de los españoles y él compartían una misma alma. "El alma española es un castillo fronterizo, adaptado para la defensa y para la ofensiva en territorio hostil: la soberbia, o el orgullo, sumados a una eterna suspicacia, son sus cualidades más inveteradas, junto a la desconfianza de todo lo que no sean su destreza y sus propias armas. No obstante, lo que percibe la guarnición a todas horas es soledad", escribió Brenan. Por tanto, el tópico de la religión, el realismo extremo de su literatura, la fuerza tiránica de los sentidos, según Brenan, forzaban a la aridez de imaginación, a la preocupación obsesiva por el dolor y la muerte; pero, por encima de todo, abocaba al orgullo desmedido que implicaba que nada estaba a la altura. "Así son los españoles en todas partes. Son hombres sin conflictos. Creen que siempre tienen razón, hagan lo que hagan, y esta convicción los dota de mayor vitalidad", escribe Brenan en La faz de España.

Gerald Brenan era un conversador nato y un escritor de una curiosidad inusitada. Esas cualidades, que terminaron de explotar en España, forjaron un escritor de estilo vivaz y preciso, cuyos textos están regados de feraces generalizaciones que espolean la imaginación del lector. "Para la mente española supone un placer ascético el ver las cosas llevadas a sus últimas consecuencias", de modo tal que "la meta del hombre está más allá de la razón, en el desconcierto de la razón".

España, la suya, la del "todo o nada", era un país que le fascinaba, aunque nunca fue ni se sintió español, ni siquiera se nacionalizó y siguió siendo muy inglés y perteneciente a su clase social. Pero, al final, con su estilo personal y entrañable, mezcla de inteligencia y sensibilidad, cautivó al pueblo sobre el que tanto y tan bien había escrito. Supo congeniar con los españoles, que lo veían como uno de los suyos. Como bien dice su lápida, que se encuentra en el Cementerio Inglés de Málaga: "Gerald Brenan. Escritor inglés. Amigo de España".

Carlos Pranger